sábado, 8 de septiembre de 2012

El banco malo, malo, malo

La última reforma financiera del Gobierno del PP nos trae el enésimo incumplimiento de su programa electoral. Una costumbre que no es patrimonio exclusivo de este Gobierno, si bien creo que debe haber alcanzado el récord de promesas incumplidas en menos tiempo de la democracia. Por mucho que lo negaran, han acabado creando lo que popularmente se conoce por banco malo.

La idea es comprar a bajo precio los bienes inmuebles de los bancos que necesitan ayudas públicas para seguir adelante, para gestionar este ladrillo y, supuestamente, obtener beneficio a largo plazo de la operación.

Muchas incógnitas quedan aún por aclarar, ya que la reforma sólo da unas pinceladas a la nueva Sociedad de Gestión de Activos Procedentes de la Reestructuración Bancaria S.A. (verdadero nombre del banco malo que ha de crearse), y deja su configuración final al próximo desarrollo reglamentario. 

La primera duda es a qué precio se comprará el suelo, las promociones a medio terminar o las viviendas terminadas. Si es demasiado bajo, no servirá de nada la medida si lo que se pretende es inyectar liquidez a los bancos y que no generen unas pérdidas inasumibles para el rescate financiero aprobado pro Bruselas. Si es alto, significará una nueva inyección encubierta de dinero a la banca que, además, imposibilitará que sean ciertas las palabras del Ejecutivo de que no costará nada para el contribuyente o incluso dará beneficios.

Por otro lado, tenemos la incógnita de con qué criterios se gestionará el ladrillo tóxico extirpado de los bancos enfermos; si se ponen en alquiler barato la viviendas, como piden algunas fuerzas políticas, ello implicará pérdidas a largo plazo (salvo que se sepa gestionar perfectamente el cobro de los arrendamientos y éstos tengan un valor mínimo rentable para el banco malo). Además está el precio al qué se pondrán a la venta posteriormente los inmuebles terminados, ya que si se espera demasiado (la sociedad de gestión tiene 15 años de vida) se evitará que los precios de la vivienda bajen al ritmo deseable.

Otra duda que existe es el accionariado del banco malo; la norma dice que el sector público como máximo podrá tener el 50% del banco malo (por razones de que su endeudamiento no compute a efectos de déficit público) y el resto será capital privado. ¿A qué precio entra este agente privado, quién será y con qué legitimidad se podría apropiar del eventual beneficio futuro?

Además está otro problema de carácter económico, y es que se pretende que el banco malo no se constituya con capital líquido (euros contantes y sonantes) sino mediante endeudamiento. Un vehículo de saneamiento bancario que compra sus activos tóxicos emitiendo más deuda es a priori una solución poco deseable.

Muchas sombras y poco luz, en definitiva, como nos tiene acostumbrado este Gobierno en su gestión de la crisis económica que sufrimos y pagamos todos los ciudadanos (algunos más que otros, desgraciadamente).



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