miércoles, 8 de mayo de 2013

Sangre azul


El conjunto de la sociedad está cometiendo un error de bulto en ciertos sentimientos. Aunque lógicos desde cualquier criterio andante, están lejos de esa realidad a la que estamos acostumbrados la mayoría de los ciudadanos de a pie y forman parte de una deseable e imposible utopía.

No todos somos iguales, nunca lo hemos sido y jamás podremos pretender serlo.

Solo hace falta remitirse a la historia para entender que, desde el principio de los tiempos y ya sea por condición física o moral, los habitantes que relacionan sus vivencias en cualquier hábitat son diferentes unos de otros. Esas diferencias vienen marcadas por innumerables factores que, dentro del contexto al que me refiero, se han encargado de agregar tópicos a nuestro dietario desde la boca de autores como Pitágoras, Platón, Hegel o Brandt.

La Infanta ya no está imputada.

Para mí y para otros muchos, yo diría la mayoría, esa noticia no es tan nueva que deba de proclamarse a los vientos como novedad. La Infanta no está imputada, la sociedad alemana permitió el holocausto, Barcenas está en la calle. Ortega Cano, de chatos; y King Kong no fue nominada como mejor película en 1934. Mención especial requiere la de Josu Urrutikoetxea Bengoetxea, otro King Kong, que se pasea por el mundo después de quitar la vida a doce guardias civiles. ¿Injusticias? Como la vida misma.

En estos días, estoy viviendo una injusticia por parte de la Institución Educativa a la que asisten mis hijos. El apellido Balsalobre no está muy bien visto. ¿Será por diferencias políticas? ¿Será por falta de profesionalidad del personal docente? ¿Será por negligencia del equipo directivo? De cualquier manera y, sin mayor importancia, una injusticia más a la que todos estamos expuestos de manera permanente. A no ser que  tengamos sangre azul y la mía, hoy por hoy, es de color rojo. No sé la vuestra.

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